TLC al desnudo
Cuando uno está desnudo es quizá el instante, con mayor propiedad objetiva, en que mira sus imperfecciones. Yo pensé casi todas las noches de la última semana en una forma de protestar contra esa ballena que viene a comerse la sardinita, o sea, a nosotros. Sin agravio pero con mucho patriotismo, un sueño me simulaba corriendo sin ropa por las calles de un San José vacío, como en Abre los Ojos,admin la película de Alejandro Amenábar. Al despertar, entre vagas imágenes que poblaban mi mente, tuve lo que a mi punto de vista significa una arma esencial en la lucha por la defensa de un modelo de desarrollo que nos ha hecho distintos y mejores: mi cuerpo. No sé por cuáles razones, cogí valor, me miré en el espejo de la lenidad y alentado por los artículos de Noam Chomsky (esos que hablan del terrorismo de estado en su propia tierra) y que Abel no lee porque no tiene tiempo o sus asesores se lo tienen prohibido, decidí lanzarme a la calle, así, sin nada, con mis lunares en las nalgas, y mis piernas flacas y acomplejantes.
Luis Arguedas Rodríguez
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La imagen de Albán Camacho desnudo, con una bandera de los Estados Unidos tapando sus partes íntimas, fue la brasa que desató el incendio. Uno piensa que ese mismo acto en manos de funcionarios públicos sería el eslabón para una administración diáfana. Pero no. Parece que andar chingo es asunto de revoltosos y ante tanto desacato y tanto irrespeto, lo mejor es arrestar al individuo y enviarlo con expediente al circuito judicial: por mostrar sus impurezas públicamente.
La negociación de este TLC es un asunto muy delicado para manejarlo en secreto. Hasta la fecha (léase ocho rondas de negociación) nuestro gobierno se empeña en ponerle candado y el dedito al centro de la nariz, a unos textos cuyo contenido nos afectarán directamente, para bien o para mal. ¿No sería bueno, entonces, exigirle al presidente Pacheco que acepte el reto que le sugirió el extrovertido Camacho, y desnude los acuerdos que se están negociando? Pero Abel, terco y plantado, salió con su humorcito ligero y circunstancial: "Eso de desnudarse para llamar la atención es cuento viejo. No tengo reparos en que cada quien llame la atención como quiera, salvo reparos estéticos. Yo les digo que tengan un poco de conciencia sobre su belleza física antes de exponerla".
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Entonces me apresté a manifestarme como todos, con mis jeans desgastados y mi salveque en la espalda, hasta que el sol mañanero alumbró mi recuerdo de ese sueño que ahora se ceñía casi obsesivo sobre mis neuronas insanas. ¿Qué si estoy loco, dirá usted? Todos tenemos nuestros ataques de locura. No soy Sade, claro está, no tengo senos de plástico como Nadia Aldana, ni la presencia de Maribel Guardia, pero consideré que hay dignas maneras de hacer el ridículo, como dijeron en el diario de la derecha robusta, y sí, decidí a medio camino, hacer la realidad de ese submundo que nos van dictando las interpretaciones subconscientes, y me eschingué, así no más, no sin antes repensarlo, por el desasosiego de detener esta canallada del ranchero de Texas: petróleo, libre mercado como primer paso para un ALCA que nos dé los títulos de propiedad y sendas ganancias, todo sin pagar impuestos, obviamente.
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Si el TLC es la octava maravilla del mundo; según Oscar Arias, lo que nos sacará de pobres, entonces, ¿qué reparos tenemos en que todos los costarricenses conozcan sus alcances? Nadie esconde, señores, la pomada que nos curará de por vida, excepto cuando el mismo vendedor, no tiene fe en el producto que vende.
Es hora de que todos le pidamos al presidente Pacheco, en un coro multitudinario, que se desnude para bien del país (aunque esa recomendación no sea aplicable al campo de la estética). Eso queremos, un mandatario en pelotas, limpio, sin ropa que pueda esconder sus impurezas, sin ropa que pueda tapar ese jueguito de los chequecitos millonarios, las estructuras paralelas, y las embarcadas a primera mano, sin ropa para que nos diga de frente, y no al calor de los oportunismo políticos (como Arias habló de apertura, yo me guindo de su camisa) qué quiere hacer con un ICE que ayer fue salvado de la hoguera de los devoradores y hoy es puestojunto con Internet y algunos otros servicios, como la llave para abrir el negocio sin rentabilidad social. Andar desnudo puede significar entonces una metafórica forma de protesta. Ottón Solís tiene toda la razón: no se puede hablar en el gobierno lo que no se dijo en campaña.
Si nos quitamos la ropa, veremos la realidad, los kilos de más o un narcisismo empedernido. Y eso es lo realmente grave: mirar a los políticos de turno tan envueltos en sus trajes de frac, y lanzando cortinas de humo en el firmamento encapotado. ¿Qué nos queda entonces? Esperar a que el cofre textual del TLC se abra, mañana, cuando ya los diputados sean incapaces de cambiarle un punto y aparte; atenernos a las manos de Dios, que es decir, a la voluntad divina de los negociadores y a la duda.
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Entonces me quité la ropa; demostré las ínfulas de valentía contra lo difuso y salté a la palestra de mi realidad. Aunque claro, corrí riesgos: me vieron esos glúteos tan blancos como la más fresca de las lechugas.