La idiotez flota armada en el río San Juan
Alonso Barrantes
Es evidente que los vecinos del norte buscan excusas para asolear sus armas amedrentadoras y desempolvar los mohosos trajes militares, el problema es que se los exhiben a un país hastiado de la violencia y que se marea con solo ver la sangre de un flujo menstrual. ¿A quién pretenden intimidar los padres del nacatamal?
Resulta inconcebible el hecho de que Arnoldo Alemán, un corrupto, de entre tantos que ha gobernado a la empobrecida Nicaragua, se invente un conflicto para desviar la investigación pública que revelara sus engaños, mientas apelaba al rescate de la soberanía, nunca cuestionada, de un río desaprovechado como generadora de recursos y que solo sirve de señuelo para atraer a los guerrilleros reprimidos que optan por las armas en vez de la negociación.
Y ahora, de la noche a la mañana, Nicaragua ve comprometida su soberanía y Costa Rica su paz solo porque nuestros agentes de la fuerza pública, con entrenamiento para asustar monos y puntería que no alcanza para darle al mismo Titanic aunque encallara, pasean por las aguas del coloso acuático que este país ni suma ni resta y que delega para que sirva de autopista sin demarcación para los habitantes de los Chiles que pasean en panga con alguno que otro turista.
Se empaña la imagen de las naciones tildadas de conflictivas por no haber ratificado el TLC, se alteran los nervios de los ancianos que hacen fila para cobrar su pensión de la guerra iniciada y finalizada por Figueres, se cruza el mar para debatir en la jurisdicción internacional, se alimenta la xenofobia que ya se vende por quintales en los comercios y parques del país, explota la desconfianza, se multiplican las propuestas absurdas, aumentan los aranceles y ¿para qué? Para que un grupo de orgullosos y prepotentes sacudan las banderas del ridículo ego en detrimento de la tranquilidad de las naciones... valiente iniciativa.
¿No sería más productivo ver asuntos más urgentes como el estado de ilegalidad de varios cientos de emigrantes? ¿Para qué establecer una agenda económica de aprovechamiento de los kilómetros que se desperdician mientras las familias se ahogan en la pobreza? ¿Para qué educar con principios de progreso si se les puede enseñar a las nuevas generaciones que con armas se puede pretender más que con negociación? Nicaragua es un país hermoso, fértil, grande, pero la visión bizca atrofia el horizonte y levanta polvo para que se distraigan las miradas y se oculten las necesidades reales de un país que ya ha sido muy maltratado.
Mientras tanto, Costa Rica, sin ejército ni armamento, ha invertido bastante tinta para firmar acuerdos de protección internacional que garantizan la repulsión de invasores armados con aires de conquistadores o libertadores, solo ellos sabrán. Ni Dios lo quiera, pero nuestro país serviría para que extranjeros cayeran boca arriba peleando batallas ajenas en suelo ajeno, derramando lágrimas y lamentos por una resolución que no nos apetece y que trataremos de evitar hasta el último momento.
NO TENEMOS EJÉRCITO. Las armas que tanto incomodan a los nicas tarde o temprano pueden servirle a ellos mismos para detener antisociales y nadie quiere adueñarse de las aguas del San Juan. Si tan solo entendieran, o admitieran eso, nos libraríamos de esta engorrosa situación que solo beneficia a los vendedores de armas y a los que quieren ignorar los problemas reales.
Lástima que Costa Rica no está en posición de sacar a sus oficiales de las aguas turbulentas porque: primero, se pierde la limosna que nos dieron en el tratado que se firmó a ciegas en 1848 y segundo, eso daría pie para que los colindantes crean que con una mínima movilización de un ejército y un aumento en impuestos a las importaciones pueden lograr lo que se les ocurra y veremos dentro de poco rótulos que digan en nuestra capital: “Zona Nicaragüense, absténgase de pronunciar la “s””, “Food Court: Subway, BK, TacoBell, Cosa de Horno´s house”
No puede ser más acertado el llamado de nuestros dirigentes para movernos con cautela, solo podemos esperar que la política de tiempo para que la cordura haga su aparición y se vuelva protagonista cuando se ahogue el conflicto.